viernes, 13 de julio de 2012

EL BOSQUE ENCANTADO DE LA FINCA DE OSORIO (TEROR GRAN CANARIA)

Hoy, nuestro propósito es llevaros hacia un lugar que parece encontrarse al margen del tiempo y la sociedad, un enclave cuya magia que lo recorre lo ha mantenido bello e impoluto desde hace años, lleno de naturaleza y vida, pero sobre todo, lleno de misterios en su interior. Un lugar situado en el emblemático municipio de Teror, un sitio donde muchísimos canarios han ido de pequeños con colegios y de mayores con familia a empaparnos del embriagador embrujo de sus rincones; quizás ya algunos sepan de que zona estamos hablando, así que desvelemos juntos las leyendas de “El Bosque Encantado de La Finca de Osorio”.


Este enclave ha sido protagonista durante años de referencias sobre avistamientos OVNIS, las típicas luces populares de nuestros barrancos, apariciones fantasmales, brujería o incluso fauna mas fantástica como la visualización de duendes y hadas, pero lo que quizás la mayoría no conozca es que la historia de este lugar nada atada directamente a fenómenos extraños y rituales ancestrales desde que se fundó como lugar privado del Conde de Osorio, que fue cuando se descubrió las actos que en el interior del bosque se llevaban a cabo.


 En nuestra actualidad, visitar el bosque de Osorio es introducirse de lleno en un mundo aparte al margen del nuestro, lleno de una magia embriagadora que se sustenta en el aire y se percibe sin saber muy bien de que se trata, trasladándonos de inmediato a otra época anterior, ya que fue sobre el siglo XVI donde comienzan los descubrimientos en su interior.  Tras la conquista de Gran Canaria, o Tamarán como la conocían nuestros aborígenes, se llevó a cabo el repartimiento de las tierras de la isla a lo conquistadores que habían participado en la campaña. El Bosque del que hablamos se le concedió al Conde de Osorio, una extensa parte de uno de los picos más ricos en humedad agua y vegetación de la isla que hoy lleva su nombre. En un lateral de dicho pico propiedad del conde se sitúa un mágico bosque repleto de laurisilva, castaños, especies autóctonas de Canarias y otra gran variedad de vegetación de procedencia europea.


En la actualidad su entrada está delimitada así como los extremos de la finca, pero eso no ocurría en aquel entonces. La gran extensa y rica vegetación, la profundidad del bosque y oscuridad que ofrece su cargado follaje, al margen de ser un lugar atado directamente a la madre naturaleza y con un halo mágico que lo envuelve, lo convirtió en el lugar idóneo para que un gran número de grupos brujeriles y sectas de rituales paganos se reunieran en su interior para llevar a cabo sus encuentros, aquelarres y rituales místico que, según cuentan las leyendas del lugar, se trataban de cultos de fertilidad, rituales hacia la naturaleza de aspecto chamánico, (muy similares a los rituales celtas que se llevaban a cabo en el norte de la península antes de su cristianización) o incluso orgías. Rituales que, a pesar de alarmar a la población, no significaban daño alguno hasta que, años después, atraída por la magia del lugar y la facilidad para infiltrarse en su interior para realizar rituales, la conocida maga francesa Madam Voissi comenzara, junto con un séquito que no tardó en reunir gracias a sus dotes de comunicación y liderazgo, a hacer rituales y ceremonias donde sacrificaban animales e incluso niños recién nacidos, cuyos cuerpos se encontraban días siguientes quemados o despedazados por la gente que regentaba y vigilaba el lugar.


Fue en este entonces cuando nació la leyenda de los “chupasangres” por toda la isla, dado que eran unos personajes vinculados a supersticiones locales que, según se cuenta, en sus rituales bebían la sangre de niños que desaparecían en los pueblos cercanos para posteriormente sacrificarlos. El lugar elegido por estos grupos de criminales y magos, unidos a la ya conocida por la isla como “la bruja Voissi” o “La Francesa” fue una zona del bosque muy concéntrica, donde según ellos se concentraban gran número de energías naturales alrededor de la vegetación. De forma caprichosa, habían plantado en el centro de un pequeño claro sin verde una serie de enormes árboles en forma de círculos estratégicos que concentraban sus energías y plegarias, dando lugar a una especie de “plaza natural vegetal” en el interior del bosque que, además contaba con un pequeño manantial de agua natural que nacía de la misma tierra, que posiblemente facilitara el celebramiento de rituales vinculados a la fertilidad y la naturaleza. Es así como nació la tan conocida hoy como “patio de las brujas” o “plaza de las brujas”, donde tiempo después, el cronista Teodoro Rosales Quevedo certificó que en su interior aún se sienten los halos de misterios del bosque que impregnaron con su magia los rituales del pasado, incluso percibiendo ecos del pasado en las noches estrelladas del lugar, sintiendo los rituales como presentes en ese mismo instante y además de tomar unas fotografías que años después llevarían a una gran controversia al descubrir en ellas unas curiosas siluetas que dieron comienzo a otra leyenda del lugar sobre duendes y hadas.



 Según cuentan las historias y leyendas populares, tras el gran número de ceremonias en honor de la naturaleza y su magia propia, el bosque comenzó a cobrar aún mas vida de la que ya estaba dotado, naciendo así del interior de los árboles seres fantásticos como duendes y hadas del bosque que velarían por conservar la magia de su interior. Esta historia, a pesar de ser fantástica y poco más que un mito, no ha impedido que un gran número de personas que han acampado y pasado noche en el bosque juren haber sentido y vislumbrado entre la oscura espesura pequeños seres alados que huyen con su proximidad y dotados de cierta luminosidad y aura mágica que entrelaza esta leyenda con la de luces populares en la isla en el interior del bosque. Hace menos de 10 años, un artista con una sensibilidad sublime se vio atraído por la belleza del lugar y decidió pasar la noche en el patio de las Brujas y reflejar así sus percepciones del lugar. Lo sorprendente fue la obra que llevó a cabo tras esto, ya que reflejó en sus cuadros pequeñas criaturas aladas de la naturaleza, percepciones que concuerdan con las sensaciones descritas por chamanes y brujos que, años tras años, han viajado a conocer el lugar y empaparse de él.

(Foto desde el patio de las brujas)

 Llegados al año 1.667, nació el tribunal de la inquisición en el municipio de Arucas, quienes se ocuparon de investigar los acontecimientos y prohibir las celebraciones de los mismos posteriormente, lo que llevó a los grupos de brujos y hechiceras a reunirse en secreto por la zona. Esto llevó a la familia de Osorio a verse obligados a dotar al lugar de vigilancia privada con la que expulsar definitivamente de sus dominios a los grupos de brujas y sectas de su interior y los sacrificios que en él tenían lugar, aunque años después la finca volvió a cobrar protagonismo con tintes misteriosos.

Tras la expulsión de los grupos brujeriles no se volvió a saber mas de ningún tipo de ritual ni personas desconocidas que se sumergieran en el bosque, pero continuaron hasta día de hoy los testimonios de personas que hablan de noches en las que sienten el eco fantasmagórico de antiguos brujos entre los árboles elevando sus cánticos a la naturaleza y ritos paganos donde el llanto de los niños recorren toda la espesura. Algunos se aventuran a decir que aún se reúnen pequeños grupos de brujos a realizar ritos en el bosque, lo que es poco probable debido a que en la actualidad en el que se controla su acceso.


Estas leyendas, unidas al avistamiento sobre el pico de la montaña de diversos “OVNIS” a lo largo de los años han dotado a la finca del bosque de Osorio de una personalidad propia en cuanto a misterios y mitos de su interior, unidos a la gran belleza y magia del lugar, dando la fusión de contenidos al nacimiento de un enclave con historia y carácter propio capaz de cautivar a todos y cada uno de los que pasen por el lugar o decidan recrearse con la naturaleza de su interior.

FINCA DE OSORIO










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